miércoles, 17 de diciembre de 2008
Los poetas malditos
martes, 8 de abril de 2008
El escepticismo de un caudillo

Los primeros indicios de tal rechazo a ideas implantadas con gran molde, comienzan a aparecer en los años universitarios de Gaitán, en la Universidad Nacional, al referirse a los temas presentados en clases de filosofía o derecho canónico: "Cuando las lecciones no se acomodaban sino que contradecían, por ortodoxas y conservadoras, nuestro temperamento revolucionario, no por eso eran inútiles, ya que nos servían para buscar con más afán por fuera de los sistemas ideológicos y filosóficos contrapuestos, y en armonía con nuestra intuición".
Quedaba entonces un debate en las aulas, alimento del anhelo para hacer algo diferente a lo que se venía haciendo en el país; algo que no se extinguiera dentro de la reflexión académica y pudiera ponerse en práctica por fuera. Así, Gaitán, como muchos otros de su época, combatieron por "nuevos ideales que amábamos en lo político, en lo artístico, en lo puramente intelectual", construyendo espacios que dieran evidencia de tales posturas. Entre esos colectivos, como lo son ahora al hablar de la comunicación alternativa, se crearon los famosos grupos de ‘Los Leopardos’ y ‘Los Nuevos’ reemplaz generacional, en parte, de los modernistas del ‘Centenario’.
El Gaitán universitario de 1920, como lo comenta Jorge Emilio Sierra Montoya en su libro ‘El pensamiento político de Gaitán’, llegó a abrazar al socialismo por una fuerza emocional causada desde el impacto de la revolución rusa de 1917; y vio en Rafael Uribe Uribe el modelo a retomar para pensar algunas reformas dentro del liberalismo "Uribe Uribe, es cierto, reclamaba a su partido beber de las fuentes del socialismo y Gaitán, por su parte, recibió esto como un llamado imperante, como un mandato para su concien
cia llena de ideales revolucionarios".De ahí que Gaitán, en 1919 y ante la tumba del General Uribe Uribe, hizo público su admiración al liberalismo social. Pero no puede olvidarse que ese mismo año el caudillo realizó otra presentación semejante en actitud y vehemencia en las exequias de un jefe conservador, General Guillermo Quintero Calderón. Emilio Sierra Montoya se pregunta entonces: "¿Es ésta, si o no, una prueba incuestionable de su carencia de sectarismo, de ser extraño a las pasiones desbordantes que eran propias de su tiempo?.
La postura gaitanista frente a los dos partidos en su expresión radical, es mucho más concreta luego de su viaje a Europa para continuar sus estudios y el posterior regreso a Colombia. Aunque hubiese entrado de nuevo al liberalismo, y siendo representante a la cámara debutando en el histórico debate sobre las bananeras en septiembre de 1929, casi un año después de la masacre en Ciénaga, Gaitán encontró semejanzas negativas entre conservadores y liberales y por ello creo un tercer partido, la UNIR, Unión Nacional de Izquierda, al cual proclamaba como el verdadero partido liberal.
Gaitán, como dice Sierra Montoya, en 1930 con el ascenso de Enrique Olalla Herrera a la presidencia, encontraba en el liberalismo y conservatismo semejanzas en el ejercicio del poder, en la visión del país, en su manejo de las masas y en la estructura y política basada en el caciquismo: "Su objetivo, así, no era derrotar al conservatismo sino también al liberalismo, a ese grupo de ‘notables’ asentados en el poder con la más completa indiferencia hacia los problemas nacionales o, para decirlo de una vez, al país político, a la oligarquía de ambas colectividades ".
Por tal razón, la gran mayoría de sus seguidores, por no decir que todos, eran jóvenes, obreros, artesanos, empleados y vendedores ambulantes; muchos de ellos lo acompañaron en sus jornadas políticas y salieron ese 9 de abril de 1948 en medio de la locura colectiva: "Su voz se dirigía a los jóvenes, no a los viejos, para funda runa nueva política, una nueva patria. En el contexto del liberalismo social, intentaba congregar al país nacional, ignorado y ultrajado por la clase política de ambos partidos" Comenta Sierra Montoya.
Al referirse sobre Kafka, en una edición de su novela ‘El Proceso’, se dice que la literatura cambió notoriamente, ya sea para bien o para mal, pero dejó de ser la misma en el siglo XX. De igual manera podría decirse sobre Gaitán y el devenir histórico de Colombia. No podremos saber que cambios tendría el país si hubiera llegado a la presidencia, pero su imagen fue un hecho necesario que influyó en las nuevas visiones políticas.
sábado, 8 de marzo de 2008
El olvido sobre Bioy Casares

De Adolfo Bioy Casares tenemos la primera referencia en un cuento de Jorge Luís Borges incluido en su libro "El Jardín de senderos que se bifurcan": Tlôn, Uqbar, Orbis Tertius. Tal acercamiento a un escritor nos hace verlo como una ficción dispuesta en la trama para ejercer verosimilitud en el lector, una generosidad amistosa. Aún más, en entrevistas y biografías sobre Borges y el mismo Bioy Casares, el autor de ‘La invención de Morel’ deja el interior del orbe literario para ser catalogado desde lo externo como el gran amigo del creador del 'Aleph', su confidente y consejero. Lo preocupante es que tras la imagen de Borges, el otro también escritor argentino que cultivó con igual maestría el género fantástico, camina sin gran interés para los lectores contemporáneos.
La obra de Bioy Casares es poco conocida, sólo la cultivada junto a Borges; desde la elaboración del folleto sobre el yogurt de la lechería La Martona, sin dejar la gran "Antología de la Literatura Fantástica", la colección de novelas policíacas "El Séptimo Círculo", hasta el nacimiento del escritor Honorio Bustos Domecq y con él los "Seis Problemas para Don Isidro Parodi" y "Crónicas de H. Bustos Domecq", ha perdurado, a grandes rasgos, en la memoria del lector, más por la participación de Borges que por el divertido experimento de construir en compañía mitigando los estilos en busca del anonimato.
¿Quién entonces habrá leído la novela "La Invención de Morel" a pesar de que circule en librerías en la edición "Cara y Cruz" de Norma y otras tantas que en baratas de libros son mucho más accesibles? He tenido la suerte de hacerme, hace dos años, a los cuatro tomos de los cinco que completan las "Obras Completas" de Bioy Casares por $28.000; libros que en grandes librerías es difícil de encontrar. Aún, en las bibliotecas los ejemplares no son variados y en algunos casos escasean, por lo que es posible pensar que la valoración de la obra del escritor argentino, ganador del Premio Miguel de Cervantes en 1990, es mínima, ya que de ella no conozco otra edición aparte de la publicada en 1998.
Según Juan Lázara, presidente de la Fundación Adolfo Bioy Casares, la poca difusión y valoración de la obra del escritor se debe a una "cuestión de moda ideológica" donde otros autores obtienen mayor interés por sus miramientos políticos y existencialistas; aún, por su estética, estilo narrativo y argumentos, no por ello exentos de validez.
Bioy, como Borges, sostuvo una postura contraria a la de muchos escritores de su tiempo, sea desde el ámbito político o literario. En los dos escritores no había apropiación nacionalista, sino universal, argumentando ideas y expresiones sobre el pensamiento del hombre, sin límites o fronteras en una herencia que nos pertenece, como diría el poeta William Ospina. Además, la valoración de una obra de arte no puede darse desde el perfil del autor, su popularidad en mayor aumento donde se admira anécdotas y manifestaciones públicas en contra o a favor de algún hecho. La vida del escritor es mínima en comparación con la vida de la obra, que es la que debe perdurar, apartando la obstrucción de nombres propios.
La importancia de Borges no debe ponerse en duda. Sea para bien o para mal, su literatura ha ampliado perspectivas estéticas y argumentales e influenciado a escritores tanto en América Latina como en Europa; Humberto Eco es un claro ejemplo. Pero no por ello se deba vincular a Bioy Casares el nombre de Borges cuando se habla de literatura. Claro, su amistad ha sido una especie de diálogo literario, y la influencia de uno sobre el otro, en cuanto a lecturas principalmente, es evidente. Pero Bioy es su obra, diferente de la de Borges. En parte, la poca participación en los cuentos o novelas de Bioy se debe también a su calidad como referente borgesiano.
Las historias de Bioy no son iguales a las de Borges. Sus temas recurrentes, aunque haya un encasillamiento en lo fantástico, son hijos de Bentham y H.G.Wells: una suerte de vigilancia que elimina cualquier tipo de libertad; un panóptico sin muros tangibles como en "Plan de Evasión" combinado con las pesadillas construidas por Wells que llegan a ser posibilidades del hombre en este mundo. Otro, acaso el más importante, es el amor. Un amor anhelado que se encuentra de manera fortuita pero que no puede alcanzarse por el peso de las circunstancias.
Ya son nueve años sin Adolfo Bioy Casares. No puede destinarse al olvido la obra del escritor, como bien lo dijo Juan Lázara: "todos los escritores merecen ser recordados, independientemente de su ideología".
El País - Cali - Marzo 10 de 2008